Entrevista con Jackie Dugard

Autor: fdemeijer

Entrevista con Jackie Dugard

Entrevista y edición de Frederique Demeijer y Marlieke Kieboom


Tags:
Sudáfrica , Civil Society Building
Additional tags: Jackie Dugard , Sudáfrica , Movimientos sociales

Biografía: Jackie Dugard es la Directora Ejecutiva del Socio-Economic Rights Institute of South Africa (SERI) [Instituto de Derechos Socio-Económicos de Suráfrica]. Antes de co-fundar SERI (en enero de 2010), Jackie era Investigadora Senior en el Centro de Estudios Jurídicos Aplicados (Centre for Applied Legal Studies, CALS) de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, de 2004 a 2009.

 

Las áreas profesionales de Jackie son los derechos socio-económicos, los estudios socio-jurídicos y el acceso a los servicios básicos y justicia para los pobres. Jackie tiene un BA (con honores) en Política Africana y una licenciatura en derecho de la Universidad de Witwatersrand, una licenciatura en filosofía en Sociología y Políticas de Desarrollo, un doctorado en filosofía en Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Cambridge, y un máster en Derecho Internacional Humanitario de la Universidad de Essex.

¿Cómo ve usted la brecha entre la academia y la práctica y cómo cree que se puede salvar esa brecha?

 

“La brecha entre academia y la práctica no es demasiado grande. Para tomarme a mí misma como ejemplo, yo soy académica y activista, o profesional, a la vez. Nunca he pensado que estén demasiado lejos unos y otros, pues los académicos con los que he trabajado son de los que aplican su conocimiento. Por ejemplo, cuando se trata de preguntas sobre las mejoras en asentamientos informales, hay equipos de académicos que trabajan en planificación urbana, en arquitectura, en ciencias físicas y en derecho. Eso ha sido siempre parte del intento de ayudar a las comunidades a que hagan lo más adecuado para aprobar convenios.

 

Otro ejemplo es cuando el Estado ha intentado realizar desalojos argumentando que el suelo donde vive la gente no era seguro. En respuesta, académicos y expertos en formaciones rocosas han estudiado el suelo para rebatir esas afirmaciones. Por supuesto, hay muchos académicos que están muy lejos de lo que está pasando en terreno. Pero creo que a nivel de activismo hay un vínculo bastante fuerte entre los dos. Al menos en el círculo de activistas de Sudáfrica, siempre ha habido académicos que están en estrecha sintonía, que participan en el intercambio de información y que tratan de centrarse en el conocimiento académico aplicado.

 

Creo que el conocimiento es absolutamente esencial y es por eso que incluso estando lejos de la universidad puedo ver que, estratégicamente, es muy importante conservar ese vínculo académico. Es una relación en dos sentidos. Queremos aprovechar lo que podamos de la academia, pero también queremos aportar. Queremos seguir influyendo en la academia para asegurarnos de que no siga siendo comercializada y corporatizada; que en la academia siga habiendo un fuerte interés en la justicia (social); en el papel de la ley en la sociedad y los cambios en el derecho. Así que esta relación de conocimiento en dos sentidos –sea de lo global a lo local o de lo académico a lo práctico- es absolutamente esencial. Tenemos que evitar que el conocimiento se quede sólo en un artículo de revista; tiene que ser empleado tanto por profesionales como por activistas locales.”

 

¿Cómo cree usted que el conocimiento activa el cambio?

 

“El conocimiento gira, a un nivel, sobre la enseñanza, la formación y la capacitación; sobre permitir que las comunidades aprendan acerca de sus vidas, sobre capacitarlas para poder interactuar con la ley o en su vida cotidiana. Ese tipo de conocimiento provoca un montón de cambios en la forma en que la gente adquiere conciencia de que en realidad ellos mismos pueden ser agentes y que no tienen por qué ser sujetos pasivos de la represión del Estado. Por lo tanto, las comunidades son capaces de resistir, de responder proactivamente, de recuperar lo que legítimamente es de ellos. Por ejemplo, cuando la gente es desalojada ilegalmente, son capaces de resistir, de hacer litigios, de pelear; cuando se les dice que no pueden protestar, que sepan qué es lo que pueden hacer y lo que no. En SERI, para poder hacer eso tenemos que enraizarnos en una comunidad específica.

 

Así que cuando una comunidad nos cuenta que tienen un problema específico, lo primero que hacemos es investigar ese problema, luego hablamos con nuestros abogados e interponemos las demandas pertinentes para lograr cambios. De este modo, a través de la investigación aplicada, el conocimiento introduce directamente cambios en esta comunidad, pues la investigación busca específicamente las brechas de conocimiento. Conecta puntos y actos, influye sobre las conductas y las prácticas. Por ejemplo, si encontramos comunidades sin acceso al agua, investigamos su historia, sus contextos, sus brechas, sus obstáculos. Y entonces tratamos de involucrar directamente al gobierno, o les montamos un pleito.”

 

¿Qué implica para los problemas globales su modo de abordar problemas localmente? ¿Es el conocimiento una panacea que puede ser difundida en todo el mundo y copiada luego en otras situaciones similares, con otros problemas similares?

 

“La pobreza y la exclusión son síntomas globales del sistema capitalista global. Creo que todos estamos conectados a los problemas globales. Somos tanto productores como receptores de conocimiento, que se mueve de un lado a otro en este mundo globalizado. Compartiendo el conocimiento podemos entender qué está pasando en otros países, de modo que es extremadamente importante. Sin embargo, existe una necesidad muy específica de traducir las lecciones globales al contexto local. Esto exige que filtremos el mensaje global con una lente local.

 

Por ejemplo, uno de los movimientos sociales más importantes aquí –el Foro contra la Privatización- está bregando con esa traducción. Aunque este movimiento forma parte de un discurso global que sostiene campañas contra la privatización, no siempre son capaces de traducir el mensaje convincentemente en las comunidades locales.

 

Como consecuencia, en el caso sudafricano, cuando la gente tiene un problema con el suministro de agua, su problema no es con las compañías multinacionales del agua o con compañías locales privadas (casi no hay agua privatizada en Sudáfrica, lo que es en gran parte el resultado de campañas efectivas [e internacionales]); su problema en realidad es con la entidades públicas corporatizadas. En otras palabras, existe cierta confusión de códigos en la traducción de un mensaje global a un mensaje local.

 

Mientras el mensaje global contra la comercialización del agua sigue siendo válido, debe ser filtrado por las realidades locales, donde no existen las compañías privadas del agua. La distinción/aclaración es importante porque tiene significación política: la gente debería entender que el suministro de agua está en manos del Estado y que no pueden responsabilizar a las compañías multinacionales o privadas de los problemas, sino que deben exigir rendición de cuentas al gobierno. Tenemos que trabajar conectando la información global con las realidades locales para hacerla relevante de modo óptimo.”

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