Entrevista con Alan Fowler

Autor: fjansen

Entrevista con Alan Fowler

Entrevista y edición de Frederique Demeijer y Marlieke Kieboom


Tags:
A escala mundial , Knowledge Platform
Additional tags: Alan Fowler , Cambio dirigido por la ciudadanía , Empíricos , Académicos

Bío: Alan Fowler ha trabajado como gerente, asesor, investigador y escritor. A través de sus libros, publicaciones y presentaciones ha hecho contribuciones específicas al desarrollo. Sus temas centrales giran sobre las experiencias y perspectivas de ciudadanos, la sociedad civil y las organizaciones no-gubernamentales, normalmente en el contexto de las relaciones internacionales, el desarrollo asistido, la democratización y el cambio social. El catedrático y doctor Alan Fowler fue presidente de la Sociedad Internacional para la Investigación del Tercer Sector y fue miembro del directorio de CIVICUS, la Alianza Mundial para la Participación Ciudadana. Actualmente trabaja como profesor en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya. www.alanfowler.org

¿Cómo cree usted que el conocimiento puede provocar cambio?

“Primero es importante definir ‘conocimiento’ y ‘cambio’. ¿Qué es conocimiento, y a quién pertenece? Para mí, el conocimiento es información encarnada en personas que pueden o no emprender alguna acción, según el caso. Cuando hablamos sobre conocimiento, prefiero utilizar el plural –‘conocimientos’. Esto se debe a que el conocimiento proviene de diferentes fuentes, tiene diferentes ‘dueños’ y exhibe diferentes tipos, tales como conocimiento abierto y tácito. También tenemos que definir el término ‘cambio’, especialmente en términos del marco temporal implicado. En nuestro trabajo sobre Civic Driven Change (CDC – cambio dirigido por la ciudadanía), mi colega Kees Biekart y yo hacemos una distinción entre cambios que son inmediatos, o que están vinculados a escalas de tiempo políticas, institucionales o inter-generacionales. Es importante ser explícito sobre los horizontes temporales en relación con el conocimiento para el cambio.

¿Provoca cambios el conocimiento? Creo que es una proposición inicial cuestionable. Cuando los conocimientos están ‘empaquetados’, a menudo son tratados como mercaderías que pueden aplicarse a los cambios. Pero el conocimiento también puede ser usado de manera selectiva por los que detentan el poder para mantener el status quo, esto es, para impedir el cambio. Pero, se podría argumentar –y esto es una suerte de negación de los hechos- que el hecho de que nada ha cambiado es también un cambio. Si utilizas el conocimiento para detener el cambio en un ambiente dinámico, en realidad estás provocando un cambio por tratar de aguantarte ahí donde estás. En otras palabras, el conocimiento influye siempre en el cambio pero no necesariamente de la manera deseada. Es una relación paradójica e incierta.

En la cooperación al desarrollo creo que no se presta suficiente atención a los diferentes tipos de conocimiento y de poseedores de conocimiento. Los presupuestos sobre la relación entre los conocimientos y el desarrollo podrían ser más válidos si reconociéramos mejor quién los posee, cómo los generan, cómo los valoran, cómo son validados, y cómo parecen o no verosímiles. Aquellos con mayor poder consideran que su conocimiento es más válido o ‘universal’ que el de los otros. Este problema incide en la estructura asistencial debido a las asimetrías de poder incorporadas que privilegian a los dadores de conocimiento por sobre sus receptores. Como en muchas otras áreas, los sistemas de ayuda definen el ‘problema del conocimiento’ en términos de la solución que pueden ofrecer. En este caso, la solución es la ‘gestión’ del conocimiento que puede ser escrito. La generación interactiva [de conocimiento], la co-producción como un importante método de empoderamiento y los conocimientos endógenos basados en el contexto, son simplemente marginados. El conocimiento que se vive y que no puede ser almacenado o gestionado de manera ‘descentralizada’ es situado en segundo lugar en el cambio asistido”.

¿Cómo cree usted que se puede abreviar la brecha entre investigadores y profesionales, si acaso fuera posible?

“La posición académica básica es ser escéptico; mientras que la postura de las ONGs y en general de los profesionales es, en primer lugar, estimular, participar y apoyar. Los profesionales tienden a no ser escépticos porque los haría aparecer como que no están ayudando a la gente. Pero estas posiciones o predisposiciones no son contradictorias. Si te empeñas activamente en nutrir la relación entre el escepticismo y la apreciación, la tensión puede ayudarte a avanzar. Por ejemplo, tienes que estar inmerso totalmente en el trabajo de desarrollo, totalmente comprometido con él. Pero si quieres ser útil, tienes que mantener tu distancia al mismo tiempo. Así que, ¿cómo unir el compromiso con el distanciamiento? Un modo de hacerlo es analizar tu pasión y tu compromiso, ser honesto(a) sobre quién eres e interrogarte continuamente sobre qué estás haciendo. Entonces la ambigüedad puede ser productiva. Si nosotros, como colaboradores de ONGs e investigadores de la ayuda no pudiéramos criticarnos a nosotros mismos, quedaríamos en una posición mucho más vulnerable cuando nos critiquen otros, desde fuera. Entonces sólo podríamos reaccionar, defendernos; y esa no es la manera productiva de abordar el problema de salvar las diferencias entre profesiones.

Personalmente, no soy el tipo de académico que ‘publica o muere’, ni tampoco soy el profesional ‘con los pies en el barro’. Intento unir estas dos posiciones. Pero eso quiere decir vivir con el hecho de que en uno de estos dos grupos no vas a funcionar de modo óptimo. Si estás en una ONG operacional intentando de verdad desarrollar el lado intelectual de la organización, probablemente te encontrarás a ti mismo al borde de lo que es posible. Si estás en una institución académica –como el IES- tratanto realmente de trabajar con profesionales, se te acusará de no ser riguroso y no publicar demasiado. La gente que está tratando de ser las dos cosas se mueve en la frontera, y aplica dos criterios para medir los resultados. Pero tratar de ser ambos conducirá a la obtención de resultados pobres –seis, en una escala de diez. Pero si puedes lograr dos veces seis, o sea, doce, es para mí todavía mejor que ser un académico con un puntaje de diez. Me siento cómodo con dos seis, pero no me puedo sentir bien con dos cinco”.

¿Cómo cree usted que la investigación –en su caso, la investigación sobre cambios impulsados por los ciudadanos- puede significar eventualmente algo para la práctica?

“Hasta cierto punto, la pregunta ya está siendo respondida espontáneamente en todo el mundo. La gente está utilizando ella misma el concepto y operacionalizándolo de modos que piensan que son apropiados para el lugar donde están. El CDC intenta des-sectorializar, ‘des-etiquetar’ a los ciudadanos como actores del desarrollo que han sido definidos en convenientes cajas: ‘usted es del sector de la sociedad civil’, ‘usted es del gobierno’. El CDC ayuda a romper ese antiguo marco y trampa del pensamiento. Tenemos que intentarlo y lograr que la gente valore una vez más que ellos sean los actores políticos, cualquiera sea su condición. Un reto para el CDC es desechar algunas de esas clasficaciones y producir un nuevo lenguaje que ayude a la gente a reconsiderar lo que ya están haciendo, de modos que sean más significativos para sus vidas como ciudadanos. Así es como la investigación puede ser importante para la práctica. Es un intento de facilitar nuevos modos de pensar”.

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