Desde la investigación militante hacia teorías/metodologías promiscuas.
Desde la investigación militante hacia teorías/metodologías promiscuas.
Aprendizajes metodológicos desde el proyecto de investigación: “La Diversidad Sexual en Perú en Movimiento”. Por: Giancarlo Cornejo y Marten van den Berge
Tags: Perú , Civil Society Building
El trabajo teórico nace de las luchas y debe volver a las luchas
(Michel Foucault citado en Eribon 2004: 39)
Es en los principios de los años 80 que la diversidad sexual en el Perú se traslada de su existencia social y cultural al terreno de la acción política, con la formación de los dos primeros grupos de gays y lesbianas: el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) en 1982 y poco después el Grupo de Autoconciencia Lésbico Feminista (GALF) (Bracamonte 2001:21). En esta fase inicial el movimiento está sobre todo concentrado en la capital y conformado principalmente por activistas gays y lesbianas. En el transcurso de la historia del movimiento se vienen sumado mas identidades (como las personas que se identifican como ‘trans’) y han venido originándose cada vez más grupos en las regiones fuera de Lima. Hoy en día el movimiento cuenta con mas de 60 agrupaciones en la mayoría de las regiones del país, que, aunque cuentan con una amplia gama de identidades, agendas de lucha, formas de movilización y organización, etc. , se organizan bajo el denominador ‘la lucha para la diversidad sexual e identidad de genero’.
Solidarizándonos con su(s) lucha(s), hemos empezado, desde junio del año pasado, un proyecto de investigación sobre este movimiento de Diversidad Sexual Peruano. Para su realización optamos por usar una metodología que definimos como: “la investigación-militante”. Decidimos usar esta metodología por varias razones epistemológicas. Una de los principales era romper con lo que AnibalQuijano define como ‘la lógica de la colonialidad de los saberes’ (2000). Allí se refiere a los conocimientos producidos por estudios antropológicos y sociológicos ‘tradicionales’ y que son al mismo tiempo productos y reproductores de las redes de poder hegemónicas existentes. Además investigaciones de este tipo se caracterizan por una naturaleza extractiva y explotadora, donde se extrae información de ‘los sujetos bajo investigación’ para producir libros que benefician sobre todo a las carreras académicas sin devolver nada, o casi nada, a ‘lxs estudiadxs’ (Leyva & Speed 2008).
Como alternativa a dichas investigaciones extractivas y de carácter (neo)-colonial, nosotras optamos por realizar una “investigación militante” que, parafraseando las palabras de Charles Hale (2006), puede ser definida como: una metodología por la cual afirmamos un compromiso político con un grupo organizado en lucha (en nuestro caso el Movimiento de Diversidad Sexual Peruano) y que genera conocimientos “desde, con y para” este grupo.
Queda claro de esta definición que, implementar esta metodología, implica entre otras cosas superar la dicotomía clásica investigador/activista, que se base a su vez en la positivista escisión entre ciencia e ideología, entre objetividad científica e involucramiento político.
Con este enfoque metodológico, queremos generar ‘epistemologías-otras’, ‘conocimientos-otras’ y ‘saberes-otras’ desde una lucha que por mucho tiempo ha sido invisible en, e invisibilizada por, los estudios sobre movimientos sociales. En este sentido, realizando nuestro proyecto de investigación, hemos sido inspiradas por lo que Boaventura de Souza Santos llama, la sociología de las ausencias y la sociología de emergencias (2006). Es decir, una investigación que “transforma objetos imposibles en posibles, y con base en ellos transforma las ausencias en presencias, centrándose en los fragmentos de la experiencias social no socializados...”, y la la vez, “abre un futuro de posibilidades plurales y concretas, simultáneamente, utópicas y realistas…”. Mientras que la sociología de las ausencias expande el campo de las experiencias sociales ya disponibles, la sociología de las emergencias expande el campo de las experiencias sociales posibles (De Sousa Santos 2006).
Nuestra metodología de investigación, definida y teorizada ambiciosamente, nos desafiaba con varias dificultades, contradicciones y retos en el trascurso del proyecto. En las siguientes páginas queremos presentar algunos de estos retos que el movimiento de la diversidad sexual nos ha planteado al realizar nuestra investigación.
Para empezar queremos rescatar que la noción “movimiento social” es pocas veces problematizada. En sus usos más cotidianos es citada y citada, pero a veces de lo que no caemos en cuenta es que es una categoría generizada, y basada en una dicotomización del género. “Movimiento” o “activismo” en oposición a “inercia” y “pasividad”. Estas ultimas nociones atribuidas ampliamente a los cuerpos de mujeres y de personas no heterosexuales. Y que duda cabe que los movimientos feministas y LGTBI han demostrado que la creencia de que se ha trascendido el género, o de que se puede hablar desde fuera del género (sea el que sea), es un lujo que solo se pueden dar muchos arrogantes hombres heterosexuales.
Esta reduccionista dicotomía invisibiliza y niega muchas posibilidades de resistencias en la “pasividad”, en la citación de las normas, en los silencios, por mencionar algunos ejemplos. Y además por lo general supone que los y las activistas han escapado a las relaciones de poder a las que se oponen. Y ciertamente ése no es el caso. Así se llega a la paradójica, y falsa, conclusión que estos movimientos están llamados a emancipar a las masas colonizadas.
Paradójica, porque sí hay algo que los movimientos sociales han cuestionado es precisamente la “inocencia” del “representar”, del “dar voz”, del “dar testimonio” y sobretodo del “empoderar” (Lather 2008). Todas estas formas de relacionalidad han sido desenmascaradas por los movimientos sociales como formas en que (potencialmente) se reproducen relaciones colonizadoras.
Los movimientos sociales también nos recuerdan la necesidad de escribir con ellos, desde ellos y para ellos, y más en contextos como el contemporáneo en los que la exclusión y la violencia son las formas hegemónicas de relacionalidad. Pero para que esta posición sea una verdaderamente democrática tiene que problematizarse y plantearse siempre como pregunta. Uno escribe con ellos pero esto no supone renunciar a la crítica. Basta recordar que, como afirma Ranciere, el desacuerdo es esencialmente político. Y los activistas no somos una “familia feliz”. Uno escribe desde algún(os) sector(es) de los movimientos sociales, porque evidentemente no son un todo homogéneo. Y efectivamente uno escribe para los movimientos sociales, pero este “para” no puede asumirse como la satisfacción de los más inmediatos deseos de las personas que hacen los movimientos sociales. De hecho, la temporalidad de este “para” no está anclada en un presente inmediato sino en un angustiante pero también habilitante futuro. Esta salida evidentemente no es muy reconfortable, ya que basta reconocer que hay muchas vidas que son tan precarizadas que no llegarán a ver ese ni ningún futuro.
Pensar el movimiento LGTBI como identitario no es del todo incorrecto. Evidentemente se trata de un movimiento de identidades que no solo son estigmatizadas, sino que en muchos casos ni siquiera son reconocidas como humanas. Suena exagerado, pero creo que no se trata simplemente que a las personas LGTBI la mayoría de personas del mundo no nos quieran, sino que ni siquiera nos quieren vivos.
No obstante, si por movimiento identitario se le entiende como un movimiento “particular” que no busca redistribución económica se cae en un grave error. Con la politización de lo “personal”, los movimientos feministas y LGTBI desenmascararon como insostenible la dicotomía reconocimiento/redistribución, cultura/economía. No hay distribución de capital que no sea racializada, generizada o sexualizada.
Y cuando hablamos de identidades, no estamos refiriéndonos solo a identidades que siempre preexistan al movimiento social, sino que estos movimientos también producen identidades. Esto que podría ser parafraseado como la performatividad del género puede ser graficado por la incipiente constitución de un “activismo pasivo”. En muchos de los viajes que hicimos, varios activistas gays y trans no dudaban en definirse como pasivos (sexualmente), y en categorizar a sus amantes como activos. No obstante, no identificaban a activos en el “activismo”, solo pasivos (en su referencial más anal posible).
Ahora conviene hablar un poco más de los procesos metodológicos del proyecto. La investigación tiene dos autores, y dos autores maricas. Se puede argumentar que esto es una forma de cuestionar el privilegio de la producción de conocimiento que supone la heterosexualidad normativa. No obstante, esto no quiere decir tampoco que esto sea una garantía de que no se reproducirán relaciones de colonialidad. De hecho tratamos en nuestras prácticas como investigadores de cuestionar la dicotomía teórico europeo y asistente del “tercer mundo” que aplica metodología; y de reconocer los diferenciales de poder de la categoría “diversidad sexual” o “movimiento lgtbi”, y las relaciones de violencia que probablemente toda etnografía implica.
Hemos hecho cerca de 140 entrevistas en 25 ciudades del Perú a activistas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, transexuales, trabajadoras sexuales, personas viviendo con VIH. Además etnografías más “participantes”. Pensamos incluir extractos autoetnográficos para marcar los lugares desde los que hablamos y producimos datos. El texto que imaginamos es uno fronterizo, que en la línea de Gloria Anzaldúa plantee los cuerpos, conocimientos, textos e identidades como fronteras.
Como activistas, tenemos nuestras militancias en varios movimientos TLGBI y hemos aprendido de ellos que la radicalidad para nosotrxs no es un lujo, es una necesidad. Queremos vincular esta radicalidad con la de teóricas como Monique Wittig, para quien el pensamiento heterosexual era transversal a prácticamente todas las disciplinas teóricas, y estaba basado en el principio de que lo que funda la sociedad y la cultura es la heterosexualidad. Por lo tanto planteamos que la radicalidad del movimiento LGTBI demanda prácticas promiscuas, teorías promiscuas, políticas promiscuas, metodologías promiscuas, epistemologías promiscuas y ciertamente cuerpos promiscuos.
Bibliografía
Anzaldúa, Gloria (1987[1999]), Borderlands/La frontera: The new mestiza. San Francisco: Aunt Lute Books.
Bracamonte, Jorge Allain (2001). Editor, De Amores y Luchas. Centro de la Mujer, Flora Tristan: Lima, Perú.
Eribon, Didier (2004), Herejías: Ensayos sobre la teoría de la sexualidad. Barcelona: Bellaterra.
Hale, Charles (2006), Activist Research versus Cultural Critique: Indigenous Land Rights and the contradictions of Politically Engaged Anthropology. In: Cultural Anthropology, vol. 21, issue 1, pp 96-120, University of California Press.
Lather, Patti (2008), “(Post)Feminist Methodology: Getting Lost or a Scientificity We Can Bear to Learn From”. En: International Review of Qualitative Research, vol. 1, n. 1. 55-64.
Leyva, Xochitl & Shannon Speed (2008), Hacia la investigación descolonizada: nuestra experiencia de co-labor. En Gobernar (en) la diversidad: experiencias indígenas desde América Latina. Hacia la investigación de colabor. Xochitl Leyva, Araceli Burguete y Shannon Speed (Coordinadoras). México D.F., CIESAS, FLACSO Ecuador y FLACSO Guatemala, pp. 34-59.
Quijano, Aníbal (2000), Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina. Julio de 2000. p. 246.
Ranciere, Jacques (2007), El desacuerdo: Política y filosofía. Buenos Aires: Nueva Visión.
Santos, Boaventura de Sousa (2006), Conocer desde el Sur. Para una cultura política emanicpatorias. Programa de Democracia y Transformación Global: Lima, Peru.
Wittig, Monique. 2006. El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Madrid: Egales.
